Quizá sea necesario hacer un poco de historia para comprender el impacto que el disco supuso en aquel ya lejano 1994. Si las cintas jamás hubieran visto la luz, si hubieran quedado guardadas en el cajón, como era la intención de su autor, el panora musical de la época, el grunge y toda aquella era de la depresión que aún trataba de sacarse de encima los pocos vestigios que quedaban del hair metal –haciendo más de lo mismo, básicamente, sólo que con un espíritu supuestamente punk o antisistema- se habrían perdido la obra de un genio a menudo ninguneado. Smith, aun sin ser consciente de que esa música acabaría siendo escuchada por muchos, conectó de inmediato con un cierto sector demográfico que tal vez compartieran con los adalides del rock alternativo ese cansancio existencial y la tristeza, pero que estaban hartos de ruido y guitarrazos. Elliott comentó en una ocasión, a finales del siglo pasado, que nunca pensó en tocar para nadie, porque dar conciertos acústicos en pleno auge de Nirvana, Mudhoney o Soundgarden era la manera más fácil de desatar una lluvia de tomatazos. Se equivocaba.
_LA ESPERADA (Y NECESARIA) REEDICIÓNAhora, 16 años después –y casi siete desde su muerte- aquel disco, que probablemente no apareció en el momento más oportuno, se merecía una revisión, y ha sido Larry Crane, encargado de los archivos de Smith, quien ha ‘purificado’ y remasterizado los temas para la nueva edición de Domino Records. En la web de Elliott el propio Crane hacía una declaración de intenciones al respecto de su trabajo con la versión 2010 de Roman Candle: “Sólo quería hacer el disco más ‘audible’”. Pero no hay que alarmarse. Crane ha conseguido minimizar el crujir de los trastes o el retumbar de las consonantes más fuertes, pero el ruido de fondo de aquellas casetes primigenias, eso quedará unido per secula seculorum a las canciones del debut de Elliott y hará que nunca pierdan la su calidez y su cercanía. En realidad, Roman Candle no necesitaba ningún tipo de corrección porque en su versión original ya era todo lo hermoso que podía ser, y es por ello que hay que agradecer a Crane que no haya tratado de darle un toque moderno o artificial. La música aquí contenida, su fondo, sus mensajes, no se entienden sin esa atmósfera lo-fi.
Evidentemente, esta reedición no supone per se una gran revelación; no son piezas inéditas de los Beatles o Jimi Hendrix, pero es una oportunidad para que los que hasta ahora permanecían ajenos a la obra de Elliott conozcan de primera mano la labor de un hombre en plena lucha con sus demonios.
_SMITH NO ERA COBAINAl principio hacía alusión al término ‘seminal’, porque realmente Roman Candle dio el pistoletazo de salida para que muchos otros artistas de la cuerda de Elliott salieran de la cueva; no obstante, etiquetar a Elliott como portador de tal o cual antorcha sería retratarle injustamente como mártir y colocarle en la estantería correspondiente para comodidad de las masas. Sin embargo, indirectamente, Roman Candle es lo que su título sugiere: un pequeño destello en la oscuridad, una luz guía. Smith canta en el primer tema –el tema titular- que “soy un candelabro. Mi cabeza está en llamas. Estoy alucinando”. Y esa metáfora sigue vigente, incluso aunque la introversión implícita en aquellas grabaciones subvierta su resonancia.
Entonces no podíamos saberlo, pero la carrera de Smith, incluso siendo tan dolorosamente breve, supuso esa llama que cambió el rumbo de la música alternativa y contribuyó a alejarla del estruendo.
_texto: Jon Evangelista.
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