_artículos
22/06/10
   

_elliott smith

el debut de un maldito
 

 

_A menudo los críticos menos imaginativos tiran de denominaciones como “pionero” o “seminal” para describir obras demasiado complejas, demasiado sublimes para lograr la aceptación masiva. A veces, sin embargo, esos adjetivos no vienen mal y, como es el caso de Roman Candle, la ópera prima de Elliott Smith, encajan a la perfección con su contenido.

 

Es casi de perogrullo afirmar que la historia de Elliott fue trágica, sólo hay que remitirse a la manera en que puso fin a sus días; ahora bien, es imposible explicar su legado sin tener en cuenta su prematura muerte. Smith entró a formar parte de ese panteón de iconos musicales que se marcharon de este mundo cuando estaban en la cima de su creatividad. Los que callaron para siempre... al menos en esta dimensión, porque quién sabe si no andarán todos por ahí arriba inmersos en la gran jam celestial. Y es con uno de los miembros de esa presunta all-star band del más allá con el que a menudo se relaciona –injustamente- a Elliott Smith, su contemporáneo Jeff Buckley, probablemente por razones tan peregrinas como una cierta similitud entre su público tipo o, de nuevo, su inesperada salida de este mundo. Musicalmente, artísticamente, lo cierto es que Smith y el hijo de Tim Buckley eran como la noche y el día. Buckley era la exhuberancia, el artista pop con alma de tenor, mientras que Smith, mucho más ‘humano’ en cuanto a sus dotes técnicas, siempre prefirió el susurro.


 
_UN POCO DE HISTORIA...

Pero volvamos al principio, porque mucho antes de que aquellas dos puñaladas auto inflingidas en el pecho pusieran fin a los días de Elliott, la carrera en solitario de nuestro protagonista echaba a andar con una perla cantada a sotto-voce y grabada en el sótano de su novia de entonces, JJ Gonson en Portland, Oregon. De la nada surgió la gloria. Después de pasar horas y horas inclinado sobre una grabadora de cuatro pistas que alguien le había prestado, Elliott completó Roman Candle: un acto de amor dividido en canciones por parte de un compositor sensacional. Una guitarra acústica -prestada también, por cierto-, el sonido de los dedos de Smith arrastrándose por los trastes, su dulcísima voz e incluso algún que otro ruido procedente de los casetes originales le dan al álbum no sólo el aire intimista que transmite sino la sensación inequívoca de estar escuchando a alguien que no canta para nadie más que para sí mismo.

 

En el año 94, Gonson, que era a la sazón manager de la banda en que Elliott tocaba, los Heatmiser –banda que se separaría en 1996 por problemas de incompatibilidad con la andanza en solitario de Elliott- le convenció para que enseñara sus últimas grabaciones a la gente de Cavity Search Records con la idea de que, quizá, le editaran un siete pulgadas. Sin embargo el capo del sello, Christopher Cooper le pidió ipso-facto que les entregase un álbum completo. No sin ciertas reticencias, Elliott accedió y así fue como aquellas nueve grabaciones caseras vieron la luz sin que nadie les pusiera un dedo encima. Pasaron al CD directamente desde el sótano de JJ.

 
'roman candle'
 

Quizá sea necesario hacer un poco de historia para comprender el impacto que el disco supuso en aquel ya lejano 1994. Si las cintas jamás hubieran visto la luz, si hubieran quedado guardadas en el cajón, como era la intención de su autor, el panora musical de la época, el grunge y toda aquella era de la depresión que aún trataba de sacarse de encima los pocos vestigios que quedaban del hair metal –haciendo más de lo mismo, básicamente, sólo que con un espíritu supuestamente punk o antisistema- se habrían perdido la obra de un genio a menudo ninguneado. Smith, aun sin ser consciente de que esa música acabaría siendo escuchada por muchos, conectó de inmediato con un cierto sector demográfico que tal vez compartieran con los adalides del rock alternativo ese cansancio existencial y la tristeza, pero que estaban hartos de ruido y guitarrazos. Elliott comentó en una ocasión, a finales del siglo pasado, que nunca pensó en tocar para nadie, porque dar conciertos acústicos en pleno auge de Nirvana, Mudhoney o Soundgarden era la manera más fácil de desatar una lluvia de tomatazos. Se equivocaba.

 

 

_LA ESPERADA (Y NECESARIA) REEDICIÓN

Ahora, 16 años después –y casi siete desde su muerte- aquel disco, que probablemente no apareció en el momento más oportuno, se merecía una revisión, y ha sido Larry Crane, encargado de los archivos de Smith, quien ha ‘purificado’ y remasterizado los temas para la nueva edición de Domino Records. En la web de Elliott el propio Crane hacía una declaración de intenciones al respecto de su trabajo con la versión 2010 de Roman Candle: “Sólo quería hacer el disco más ‘audible’”. Pero no hay que alarmarse. Crane ha conseguido minimizar el crujir de los trastes o el retumbar de las consonantes más fuertes, pero el ruido de fondo de aquellas casetes primigenias, eso quedará unido per secula seculorum a las canciones del debut de Elliott y hará que nunca pierdan la su calidez y su cercanía. En realidad, Roman Candle no necesitaba ningún tipo de corrección porque en su versión original ya era todo lo hermoso que podía ser, y es por ello que hay que agradecer a Crane que no haya tratado de darle un toque moderno o artificial. La música aquí contenida, su fondo, sus mensajes, no se entienden sin esa atmósfera lo-fi.

 
'drive all over town'
 

Evidentemente, esta reedición no supone per se una gran revelación; no son piezas inéditas de los Beatles o Jimi Hendrix, pero es una oportunidad para que los que hasta ahora permanecían ajenos a la obra de Elliott conozcan de primera mano la labor de un hombre en plena lucha con sus demonios.

 

 

_SMITH NO ERA COBAIN

Al principio hacía alusión al término ‘seminal’, porque realmente Roman Candle dio el pistoletazo de salida para que muchos otros artistas de la cuerda de Elliott salieran de la cueva; no obstante, etiquetar a Elliott como portador de tal o cual antorcha sería retratarle injustamente como mártir y colocarle en la estantería correspondiente para comodidad de las masas. Sin embargo, indirectamente, Roman Candle es lo que su título sugiere: un pequeño destello en la oscuridad, una luz guía. Smith canta en el primer tema –el tema titular- que “soy un candelabro. Mi cabeza está en llamas. Estoy alucinando”. Y esa metáfora sigue vigente, incluso aunque la introversión implícita en aquellas grabaciones subvierta su resonancia.

 

Entonces no podíamos saberlo, pero la carrera de Smith, incluso siendo tan dolorosamente breve, supuso esa llama que cambió el rumbo de la música alternativa y contribuyó a alejarla del estruendo.

 

 

_texto: Jon Evangelista.

 

 

 

 

 

 

   
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