_Martin Scorsese y el guionista Paul Schrader dieron forma en 1976 a la figura del antihéroe cinematográfico por antonomasia. Travis Bickle, interpretado por el mejor Robert De Niro, es un ex combatiente de Vietnam con serios problemas emocionales, que sufre de insomnio y detesta con toda su alma la sociedad y la ciudad en la que vive, la inhumana Nueva York. Radiografía virulenta del precio de la alienación, de la locura que engendran en el hombre la soledad y la falta de todo calor humano.
Esta vez no habrá diálogos, nos centraremos en los soliloquios de de Travis, en su diario personal. Página a página, día a día, nuestro protagonista va perdiendo un poco más el oremus y todo contacto con el mundo exterior se torna en una experiencia vomitiva para él. Del tranquilo y solitario taxista al magnicida y asesino en masa iluminado, según Scorsese y Schrader, apenas van unos pasos.
_Bickle acaba de pedir el turno de noche en la central de taxis. Es insomne y prefiere trabajar a andar por ahí sin hacer nada. De vuelta en su habitación, escribe en un diario...
[Travis]: 10 de mayo. Gracias a Dios por la lluvia que ha limpiado las aceras de suciedad y basura. Ahora trabajo un montón de horas, desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana, a veces hasta las ocho. Seis días a la semana, a veces incluso siete. Es mucho trabajo, pero así me mantengo ocupado. Gano entre 300 y 350 dólares a la semana, a veces incluso más, cuando apago el contador.
Travis va en su taxi. Contempla la vida nocturna de los bajos fondos neoyorquinos. Esa Gomorra moderna le perturba.
[Travis]: Todos los animales salen por la noche. Putas, maricones, yonquis, pastilleros... Todo está corrupto y podrido. Algún día una lluvia de verdad limpiará toda esta escoria de las calles. Voy a donde sea. Llevo gente al Bronx, a Brooklyn, a Harlem... No me importa. Para mí todo es lo mismo. A algunos sí que les importa, y hay incluso quienes no llevan a negros... pero para mí todos son iguales.
Acaba de finalizar uno de sus maratonianos turnos. Aparca el taxi en la central.
[Travis]: Cada noche, cuando vuelvo al garaje, tengo que quitar semen del asiento de atrás. Algunas noches quito sangre.
Por mucho que trabaje, es incapaz de dormir. Recurre a los sórdidos cines porno. En uno de ellos se encuentra ahora...
[Travis]: Doce horas trabajando y sigo sin poder dormir. ¡Mierda! Los días pasan, nunca terminan. Lo que mi vida necesitaba era alguna meta. No creo que uno deba dedicar su vida a autoanalizarse de forma enfermiza. Creo que hay que convertirse en persona, como el resto de la gente.
Travis ha conocido a la preciosa Betsy (Cybill Shepherd) “un ángel al que nadie puede tocar”, una chica bien que trabaja para un candidato al Senado –con quien también se obsesionará-, pero fracasado estrepitosamente en su amago de relación con ella. Cuando se le ocurre llevar a ver una película porno, ella, como era de esperar, sale por pies. Ahora trata de reparar aquello.
[Travis]: Traté de llamarla varias veces, pero después de la primera llamada no volvió a coger el teléfono. También le envié flores, pero no hubo suerte. El olor de las flores sólo conseguía ponerme enfermo. Los dolores de cabeza han empeorado. Creo que tengo cáncer de estómago. Pero no debería quejarme. Tu salud depende... Tu salud depende de cómo te sientas.
Ha intentado ir a ver a Betsy a su trabajo, pero sólo ha conseguido que le echaran de allí de mala manera.
[Travis]: Ahora me doy cuenta de que es como las demás. Fría y distante. Hay mucha gente que es así, y las mujeres lo son, desde luego. Son como un sindicato.
Travis empieza a trastornarse de veras. Se le vé en la mirada. Ha conocido a Iris (Jodie Foster), una prostituta menor de edad. La ha seguido desde su taxi, aunque aún no se ha atrevido a hablar con ella.
[Travis]: La soledad me ha perseguido durante toda mi vida. A todos los sitios donde iba... en bares, en coches, por las aceras, en tiendas... en todos lados. No hay escapatoria. Soy un hombre solitario. [...] 8 de junio. Mi vida ha vuelto a dar un giro. Los días pasan, uno tras otro, una y otra vez; cada día exactamente igual al siguiente. Es una cadena interminable. Y, de repente... un cambio.
Bickle ha comprado unas pistolas y ha empezado a ejercitarse. Parece tener algún plan en mente...
[Travis]: 29 de junio. Tengo que ponerme en forma. Tanto estar sentado es malo para el cuerpo. Todo esto ha durado demasiado tiempo. De ahora en adelante, cincuenta flexiones cada mañana, cincuenta pectorales... Se acabaron las pastillas, se acabó la mala comida, nada que destruya mi cuerpo. (Travis prueba su aguante manteniendo la mano sobre uno de los fogones encendidos de la cocina). De ahora en adelante me organizaré perfectamente. Cada músculo debe estar duro.
Sigue adelante en su espiral paranoico-misántropa...
[Travis]: La idea me había estado rondando la cabeza desde hacía un tiempo. Un acto de fuerza verdadera. Algo tan grande que nadie en este mundo pueda reparar.
Después de la famosa secuencia en la que ensaya algunos movimientos y frases intimidatorias con sus nuevas armas...
[Travis]: Escuchadme, cabrones, desgraciados... Aquí tenéis a un hombre que ya no aguanta más. Un hombre que se levantó contra la escoria, las putas, los cerdos, la mierda... Aquí tenéis a alguien que les hizo frente.
Travis ya ha matado a un hombre, un negro que atracaba una tienda de comestibles. También se ha hecho amigo de Iris, la prostituta de 12 años.
[Travis]: Ahora lo veo con claridad. Toda mi vida apunta en una dirección. Ahora lo veo. Nunca he tenido otra alternativa.
*Taxi Driver, dirigida por Martin Scrosese en 1976.
P. Eléctricos.
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