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_Hay quienes le reprochan a Almodóvar el haber perdido irreverencia y su infalible capacidad para la grosería a medida que los laureles decoraban su cabeza y, como decía el tango, se le plateaba la sien. No obstante, cabría preguntarse si ‘Pedrou’ habría llegado tan lejos en la profesión de haberse limitado a repetir “Pepi, Luci y Bom” ad eternum. No, desde luego que no habría alcanzado a rozar siquiera la base del pedestal sobre el que hoy por hoy descansa el manchego ni se habría paseado por la alfombra roja del Dorothy Chandler Pavillion con Fabio McNamara del brazo. ¡Eso que se pierden los yanquis! A favor de Almodóvar hay que alegar que su cine ha ganado enteros desde un punto de vista meramente formal, que es mucho más rico ahora que hace treinta años, aunque se haya dejado la frescura y la incorrección por el camino, limitando esta última a fugaces destellos epatantes en forma de exabruptos ibéricos cuidadosamente sembrados aquí y allá. También cabría preguntarse –o preguntarles a los ‘protestones’- qué lugar ocuparía el cine español en el mundo sin la figura de nuestro protagonista y, en última instancia, ¿acaso no acabó John Waters, el hombre que filmó a Divine degustando heces caninas, entregado a la comedia chusquera e irrelevante? Es ley de vida. Salvo gloriosas excepciones, o ‘maduras’ o esa industria que un día aplaudió a aquel joven deslenguado que proclamaba “erecciones generales” terminará por arrojarle al vertedero de los depravados sin solución.
A nosotros, que los tejemanejes de las altas esferas del celuloide nos importan más bien poco, y aún menos los ataques de menopausia precoz de algunos directores, nos apetecía rendir homenaje al Almodóvar salvaje, al punk cañí que un día fue, recordando en nuestros Diálogos de Cine una secuencia de “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” en la que el también director Jaime Chávarri se calzaba eventualmente las botas de ¿actor? para despachar uno de los monólogos más descacharrantes y surrealistas de la cinematografía patria. Para los despistados, recordar que “¿Qué he hecho yo...?” narraba la historia de Gloria (Carmen Maura), una sufrida madre y ama de casa del extrarradio madrileño con marido taxista (Ángel de Andrés) y suegra supertacañona (Chus Lampreave) que atraviesa serias dificultades para llegar a fin de mes. De entre todos los personajes estrafalarios que la rodean, destacaba Cristal (Verónica Forqué), su vecina puerta con puerta, prostituta y heroinómana, además de gran persona. Con la pata de jamón en las últimas, la nevera pidiendo a gritos una inyección de suministros y la caja de lexatines mermando, Gloria accede a una propuesta ‘laboral’ de Cristal: sólo tiene que hacer de mirona para un cliente especial (Chávarri), amigo del exhibicionismo. Ahí comienza el despliegue bizarro-pornográfico del director de “El desencanto”:
(Gloria y Cristal están delante de la puerta de la primera. Cristal luce sus mejores galas de pilingui).
[Cristal]: Gloria, ¿quieres ganarte un dinerito cómodo y fácil?
[Gloria]: (casi riendo) Por Dios, Cristal...
[Cristal]: ¡Que no tienes que hacer nada! Venga, que está ahí sentado esperando (señala hacia su puerta).
[Gloria]: No seas loca, mujer. ¿No te parece un poco tarde para empezar? Además, está al llegar Antonio (se mira el reloj).
[Cristal]: Pero si va a ser muy rápido... Lo único que tienes que hacer es sentarte cerca de la cama y mirar. Este es un ex... ‘bicionista’... (en tono lastimero) ¡Hija, más cómodo no te lo puedo poner!
[Gloria]: Bueno... pero te advierto que, como me ponga la mano encima, me voy, eh. Que no tengo yo hoy el cuerpo para bromas...
(Entran en el piso de Cristal.
El cliente/Chávarri está mirándose al espejo, con las gafas de sol puestas. Se despoja de su gabardina. Entran en la habitación Cristal y Gloria).
[Cliente]: Hola.
[Cristal]: Hola (muy sonriente, hace las presentaciones). Mi amiga... y un cliente.
[Cliente]: Señora... (coge la mano de Gloria y se la besa).
[Gloria]: (con gesto desconfiado) Buenas...
[Cliente]: Siéntense, que voy a empezar.
(Cristal y Gloria van hacia la cama. Se sientan. Cristal no pierde la sonrisa. Gloria está visiblemente incómoda. El ciente/Chávarri comienza a desnudarse. En ningún momento se quitará las gafas. Empieza deshaciéndose de la chaqueta, marcando mucho sus gestos).
[Cliente]: (quitándose los gemelos) A primera vista puedo parecerles demasiado delgado, pero son apariencias. Los brazos, por ejemplo, son más musculosos de lo que parece. (Cristal sonríe aún más). Pero un hombre... no folla con los brazos (y se quita la camisa, mientras Cristal niega con la cabeza. Ahora saca bíceps, y comienza a quitarse la camiseta interior). El torso puede parecerles un poco escuálido... pero un hombre no folla con el torso (Cristal niega de nuevo, ahora con más énfasis. Gloria está perpleja). Las piernas (se baja los pantalones)... las piernas no son las de un deportista. Pero un hombre no folla con las piernas... ¿Con qué folla un hombre? ¡Tú! (señala a Gloria, que no dice nada). ¿Tú? (señala a Cristal. Ella y Gloria se miran).
[Gloria]: (apuntando por lo bajo a Cristal) Con la polla...
[Cristal]: ¿Con la polla?
[Cliente]: ¡Exacto! (sonríe. Cristal también lo hace, como orgullosa por haber respondido bien). Ahí es donde yo quería ir a parar... porque tengo un pollón (remarca casi cada sílaba al decirlo). Cada vez que mi glande irrumpe en la vagina de una mujer, la destrozo. (Cristal ha perdido un poco la sonrisa).
[Gloria]: ¡Qué barbaridad! (mira a Cristal, entre inquieta y escandalizada).
[Cliente]: Por eso tengo que ir con prostitutas, que tienen el coño más dado de sí por el uso... A las mujeres corrientes les da miedo ir conmigo. Debería de gustarles, pero les da miedo... Bueno, la leche (se le ilumina la cara)... ¡no sabéis lo que es! ¡Qué blancura! ¡Qué espesor, qué presión! (Cristal parece incluso asustada. A Gloria, sin embargo, le hace gracia). Es buenísimo para el cutis...
*¿Qué he hecho yo para merecer esto?, dirigida por P. Almodóvar en 1984.
P. Eléctricos.
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