_diálogos
27/04/10
   

_de hijos de puta, calabazas

y madres muy malas

'amanece que no es poco'
(JL Cuerda, 1987)
 

 

_No son pocos los que perciben como flaqueza precisamente aquello que es la esencia misma de “Amanece que no es poco”, el tercer largo que rodó Cuerda. Su caos, el absurdo llevado hasta el punto del delirio en un pueblo perdido de la España profunda. Tanto es el montante anárquico y disparatado de los habitantes de ese pueblo que uno de ellos, ese Guardia Civil que sólo podía haber encarnado el genial Saza, parece rebelarse contra el jefe de todo esto. Cuando el sol decide salir por el Oeste, su personaje la emprende a tiros con el astro rey al grito de “¡Yo no aguanto este sindios!”... Demasiada extravagancia para un pobre benemérito de provincias, como demasiados son los diálogos delirantes que plagan de cabo a rabo “Amanece que no es poco”. Es por eso que hemos seleccionado tres de ellos; tres que aúnan el surrealismo irredento de Cuerda y no poca incorrección política.

 

El primero tiene lugar en los primeros compases de la cinta. Teodoro (Antonio Resines), un eminente profesor de la Universidad de Oklahoma llega al célebre pueblo con su padre, Jimmy (Luis Ciges). Ambos viajan en una vespa ‘vintage’ con sidecar. Al llegar al pueblo, nadie sale a su encuentro, nadie se les cruza... No hay nadie. El gran Ciges, el surrealismo hecho carne, se encarga de encauzar como es debido “Amanece que no es poco”:

 

[Jimmy]: (mirando a su alrededor desde el sidecar de la Vespa) Aquí no hay ni Dios. ¿O es que todos son aquí unos hijos de puta, eh, Teodoro? Porque pueden ser unos hijos de puta que se hacen pasar por fantasmas...
[Teodoro]: (revisando su mapa) Pues, desde luego, padre, este es el pueblo que nos ha dicho Pepe...
[Jimmy]: ¡Coño!
[Teodoro]: Vamos a ver... (y se internan en el pueblo).

 
 
 

El siguiente ‘corte’, más que un diálogo es un soliloquio en toda regla. Pedro (Alberto Bové), humilde labriego, putero y dado al aní, pero buena gente, se dispone a despedir el día... y a la fiel calabaza que reina en su huerto:

 

[Pedro, el labriego]: (se lía con parsimonia un cigarrillo y comienza su soliloquio) Calabaza... Se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias una vez más por seguir aquí con nosotros. Tú, que podías estar en la mesa de los ricos y de los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo. Yo no puedo olvidar que, en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro o cuando me caparon el hurón a mala leche, sólo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza... yo te llevo en el corazón.

 
 
 

Por último, un diálogo, una secuencia impensable en nuestros días. Teodoro pide explicaciones a su padre de por qué mató a su madre. Jimmy tira de lógica para hacerle ver a su hijo lo conveniente de ese asesinato...

 

[Teodoro]: (da vueltas en la cama. No se puede dormir. Junto a él está su padre, que sí parece haber conciliado el sueño sin más problemas) Padre... ¡Padre! ¿Está durmiendo, padre?
[Jimmy]: (se vuelve hacia él, medio dormido) ¿¡Eh!?
[Teodoro]: ¿Está durmiendo?
[Jimmy]: No, qué va, hijo... No, qué va...
[Teodoro]: Me acuerdo de madre, padre.
[Jimmy]: Bueno, pero... ¿no te gusta la moto que te he comprao?
[Teodoro]: Sí... Si la moto es cojonuda, pero eso no tiene nada que ver... ¿Usted se acuerda de lo que yo les decía en las cartas? Yo les decía: “Me apetece mucho verles a los dos cuando vuelva”. A los dos, decía yo... A madre y a usted... Y, cuando vuelvo, ¡la ha matao! ... ¿Por qué la mató, padre?
[Jimmy]: Porque era muy mala...
[Teodoro]: Pero hombre, padre...
[Jimmy]: Es muy duro decírselo a un hijo, pero tu madre era muy mala... Yo he esperado a que estuvieses criado y a que tuvieses una buena ocupación, pero, ahora que tienes una plaza en Oklahoma... ¿para qué quieres a tu madre?
[Teodoro]: No sé... pero, como tengo todo el año sabático por delante, sin nada que hacer...
[Jimmy]: ¡Pero para eso mejor es una moto! Una moto con saidcar, para ver mundo... Porque, también, todo el santo día metido allí en Oklahoma...

 
 
 

Lo dicho. El bueno de Cuerda no habría tenido arrestos para colar una secuencia de semejante contenido misógino si se decidiera a entregar una secuela “Amanece que no es poco” en este nuevo siglo. O tal vez sí, a riesgo de convertirse en el crucificado oficial del año ¡Todo sea por la salvaguarda de la corrección y la buena educación de las generaciones venideras! En cualquier caso, hace tiempo que el director albaceteño le dio la espalda a la comedia mágico-rural, para volcarse en cuestiones más serias: apadrinar a Amenábar o glosar la posguerra y la preguerra en “La lengua de las mariposas” o “Los girasoles ciegos”. Magníficas películas ambas, pero echamos de menos a ese socarrón que era capaz de colocarle a Ciges un gorro de aviador y hacerle soltar un puñado de (geniales) exabruptos ibéricos. Ante esa “morriña” sólo queda una opción: volver a repasar “El bosque animado” y “Amanece...”. Si eso no os basta, si el síndrome de abstinencia continúa, quizá “Así en la Tierra como en el Cielo” sirva a modo de metadona fílmica, aun siendo una obra menor en todos los sentidos a sus dos predecesoras.

 

¡José Luis! ¡Todos somos contingentes, pero tu sorna es necesaria! Ahora más que nunca.

 

 

P. Eléctricos.

 
   
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