_artículos
11/5/10
   

_el retrato de becker a modigliani

'les amants du montparnasse', (j. becker, 1958)
 

 

_Emprendo este análisis confesando que “Los amantes de Montparnasse” (1958), película que narra los últimos meses de vida del pintor Amadeo Modigliani, es una de mis preferidas. De hecho, este artículo no es más que un ejercicio para tratar de averiguar a través de criterios objetivos si, en realidad, es un buen film o, más bien, esa impresión es tan solo fruto de mi gusto como espectador. El resultado de esta búsqueda me ha hecho llegar a la conclusión de que, sin bien “Les amants” no es una obra maestra, contiene elementos e ideas suficientes para ser considerada una película notable.

 

Lo primero que me llama la atención es como Jacques Becker hibrida a la perfección las dosis justas de biopic con una trama de ficción ajena a la historia real del  personaje. Un intertítulo lo deja bien claro al inicio de los títulos de crédito: los autores de la película se inspiraron en hechos reales pero huyeron de la reconstrucción histórica…

 

Escogiendo los mínimos datos históricos, se alterna un retrato contundente de la vida del pintor con una historia de amor hermosa y triste a partes iguales. Conocemos así su carácter difícil, sus excesos, su alcoholismo… Y la gran paradoja que ha compartido con muchos artistas del siglo XX. En la actualidad, todos los museos del mundo y los grandes coleccionistas se disputan las obras de Modigliani. Cada uno de sus cuadros vale millones. En vida, llegó a deambular por el Paris bohemio vendiendo sus bocetos en cafeterías a cinco francos. Casi nadie apreciaba su pintura. Un “Modi” (como le apodaban cariñosamente sus amigos) incomprendido y desanimado que dudaba de sí mismo y de su talento. Todo ello no se puede desvincular (si se quita una de las dos partes del binomio, la película se desploma) de su relación con Jeanne (Anouk Aimée), una estudiante burguesa que rechaza una vida resuelta y llena de comodidades para compartir la precariedad y casi la indigencia junto a su amado.

 

Dos tramas engarzadas que se complementan y que en la segunda mitad de la película avanzan al unísono.

 

Hay un aprovechamiento del recurso pictórico en toda la película. No solo el casting está sabiamente elegido para que los personajes nos remitan al universo modiglianesco sino que se juega y se utiliza  la pintura como recurso expresivo. Podríamos hablar de la secuencia en la que Modi y Jeanne se enamoran. Sin necesidad de diálogo (y eso que los diálogos, como veremos a continuación, son uno de los puntos fuertes del film) Becker consigue la manera de transmitirnos el irremediable flechazo que surge entre los protagonistas visualmente.

 
_en la academia de arte
 

El verdadero valor del arte de Modigliani se resume magistralmente en un diálogo. Toma a una prostituta como modelo y al terminar el cuadro ella se acerca comentándole: “No te preocupes, no me pintarás tan parecida como cuando me miro al espejo”. Observa el cuadro y tuerce el gesto. Él responde: “Pero no intento pintarte como eres, sino como yo te veo”.  Esta secuencia es un eco que verbaliza lo que hemos visto al inicio de la película. Modi, junto a unos amigos en una cafetería, le pinta un retrato a un obrero. Al ver el resultado, le devuelve el papel horrorizado. Insiste el obrero, de todos modos, en abonar el precio convenido pero Modi lo rompe en pedazos y no acepta el dinero. En esta secuencia aparece Morel, personaje apócrifo que representa lo más negativo del arte: la especulación. Este sombrío marchante (estupendo Lino Ventura) deambula tras el pintor como una especie de ave carroñera.

 
_secuencia inicial
 

No será hasta la muerte del artista cuando se descubran sus verdaderas intenciones: quedarse con buena parte de su obra. Obra que se revalorizará macabramente con su deceso. La leyenda ha empezado y Morel personifica a la perfección el rol del oportunista que sabe que el arte se nutre de cadáveres. La secuencia final es escalofriante. Vemos al infame mercader escogiendo y apilando todos los lienzos de Modigliani en un movimiento frenético, avaro e impúdico.

 

Desamparado e inseguro, Modi se nos muestra como una persona totalmente incapacitada para amar plenamente. Es un genio autodestructivo, un ser que no puede querer a nadie sin hacerle daño. No obstante, es deseado por las mujeres. Beatrice (Lilli Palmer) la que fuera modelo de uno de sus desnudos más famosos,  es una prostituta con cierta tendencia al sadomasoquismo, alma gemela de Modi, sustentadora de sus vicios. Es ella la que profetiza su destino al inicio de su relación con Jeanne: si realmente la ama, ha de dejarla en paz y  alejarse de ella, puesto que, a la larga, solo conseguirá infringirle dolor.

 
_secuencia con beatrice
 

Sin embargo, el pintor italiano establece  una relación de dependencia enfermiza con su amada. Hay una secuencia demoledora y definitoria a orillas del Sena. Mitad ángel de la guarda, mitad esclava, Jeanne vela porque un Modi alcoholizado y deprimido no se tire al río, mientras él, hiriente hasta la médula, le confiesa: “Jeanne, ¿acaso es culpa mía que me ames?”.

 

Solo hay un atisbo de esperanza. El director integra una idea muy presente en el cine de la época: el verdadero amor solo es posible huyendo de la gran urbe. Convaleciente de un colapso provocado por el abuso de alcohol, Modi pasa unos días en Niza. Jeanne huye de su casa y se reúne con él. Los amantes de Montparnasse pasean por la playa, primer y único momento en el que aparece un exterior luminoso. Caminan frontalmente hacía cámara hablando de su futuro juntos y cuando introducen la posibilidad de volver a Paris y formar allí una familia, la cámara les sigue y los filma en dorsal revelando un cielo cubierto por nubes de tormenta. Un plano hermoso y cargado de sentido: el retorno a París será el comienzo del fin.

 
_paseo por la playa
 

La incorruptibilidad de Modigliani se pone de manifiesto a lo largo de varios momentos. El artista no desea prostituir su obra ni entregarla al mejor postor. La visita a un cliente americano en el hotel Ritz es el ejemplo más evidente. Si Morel representaba la especulación, este yanqui personifica la figura del coleccionista particular sin criterio artístico pero con dólares para gastar. Ambos forman parte del arte como mercado, lo que Modi (y Becker) aborrecen. La secuencia se construye a partir de una dimensión ruidosa, un vaivén molesto de mozos que recogen las pertenencias de la pareja en su suite, la voz estridente de ella, las interrupciones constantes… Los diálogos del norteamericano están en la base de los que unos años más tarde Godard emplearía, llevándolos hasta el paroxismo, para criticar y caricaturizar a las gentes de Estados Unidos.

 

En esta secuencia, se nos vuelve a dar otra pincelada sobre el pensamiento artístico del pintor: “Prefiero mil veces pintar los ojos de la gente que catedrales”. Frase que toma del maestro Van Gogh pero que a lo largo de su obra llevó a su máxima expresión. Si los retratos de Monet son una “forma que piensa”, con esas mujeres que desafían al espectador y que parecen saber en qué estamos pensando, los de Modigliani, con esos ojos vacíos, rellenos de color, o esos cuellos y cabezas deformadas, consiguen transportarnos a un ideal subjetivo. No vemos a una mujer concreta sino a La Mujer o lo que el artista siente que es el ideal femenino.

 

Nada de esto sabe el vaquero con traje de chaqueta que pretende utilizar un cuadro de Modi para las etiquetas de su nuevo perfume provocando la inminente retirada del artista y su indignación. Derrotado, ahora sí, huye hasta su buhardilla con Jeanne y nos regala la que podría ser la mejor frase del film porque condensa de manera genial el sentir de un artista de vanguardia de que “su reino no es de este mundo”.

 

MODI: Jeanne, nosotros que estamos en la otra orilla, ¿tendremos la felicidad eterna, verdad?

 

Otro punto a favor es el uso de la música. Sensacional banda sonora de Paul Misraki que huye de la composición ampulosa y desbordante y opta por una melodía que se va repitiendo en diferentes tonalidades y con pequeñas variantes. Creando, incluso, momentos inquietantes y otros en los que si subraya la intensidad amorosa de la trama pero sin caer en el pastiche.

 

La película está dedicada a la memoria de Max Ophüls. Siempre nos quedaremos con la duda cinéfila de que hubiera pasado si la película, como estaba previsto, la hubiese dirigido el alemán. Sin duda, hubiera sido una propuesta radicalmente diferente y -es mera especulación- lo que hubiera ganado en barroquismo, lo hubiera perdido en la sobriedad que Becker ha sabido imprimirle.

 

 “Les amants de Montparnasse” consigue emocionarme y arrancarme lágrimas en cada visionado. El debate que suscita a partir del fresco sobre la vida de Modigliani y el Paris de principio de siglo perfectamente se puede extrapolar a nuestra miope sociedad actual, en la que muy pocas veces valoramos al verdadero artista, tan ciegos e imbuidos estamos en una mediocridad generalizada que no sabe reconocer lo moderno y se regodea en lo banal o (lo más flagrante) en la copia de modelos antiguos vendidos como novedades o como productos originales.

 

 

 

_texto: Miguel Blasco.

 

 

 
   
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