_artículos
11/5/10
   

_amor doliente

'luz silenciosa', (c. reygadas, 2007)
 

 

_¿Por qué llora el padre de familia? Esta sería una de las preguntas clave para acercarnos al tercer largometraje de Carlos Reygadas, “Luz silenciosa”.

 
_el llanto de johan
 

El llanto contenido de Johan, campesino de una comunidad menonita que al arranque de la película hemos visto rodeado de su mujer y sus siete hijos, es desgarrador y doliente. Y el movimiento de cámara que lo acompaña, magistral. Un movimiento que anula el espacio donde se hallaba hace escasos instantes su familia. Es un movimiento soberbio porque resume toda la película, sintetiza el tema, la trama, el contenido… a través de la forma.

 

 

 

El movimiento de avance y su llanto doloroso tiene que ver con todos ellos. Johan, padre de familia íntegro, respetuoso y trabajador, ve tambalear los cimientos de su existencia y sus convicciones morales puesto que ama a otra mujer, Marianne.

 

Pocas películas actuales pueden compartir la complejidad y el estilo cercano al ascetismo de “Luz silenciosa”. Primero porque nadie se ha tomado tan seriamente hasta la fecha el tema del adulterio. Es muy fácil tratarlo desde una perspectiva meramente lujuriosa, y hay algunas películas que, siguiendo esta línea, consiguen muy buenos resultados como “El secreto” (2000) de Virginie Wagon. Pero la mayoría se quedan en una capa superficial con una resolución más o menos trivial, resuelta siempre en positivo o negativo.

 

En “Luz silenciosa” nos encontramos con tres personajes enteros, maduros, religiosos, si se quiere… y el triángulo amoroso en el que se han visto envueltos les va destruyendo lentamente. Pese a sus fuerzas por dejarlo, no pueden. Les es humanamente imposible. Lo tremendo del asunto es que Esther, su mujer, es consciente de su aventura. Johan no le oculta nada. ¿Hasta que punto la honestidad de Johan no es egoísmo velado? Su indecisión y su sinceridad van cargando de dolor a las dos mujeres. Hay sufrimiento hasta en las escenas sexuales, en los encuentros entre Johan y Marianne, rodados en interiores sombríos y con orgasmos salpicados de lágrimas y tristeza.

 
_triste orgasmo
 

Un cambio de tercio total, que viene a descartar lo que le echaron en cara muchos a Reygadas con su segundo film, “Batalla en el cielo” (2005), donde este pretendía hacer una apoteosis de lo feo, una oda a lo horrendo, y no escatimaba en planos sexualmente explícitos y escabrosos.

 

La culpa ronda en todo momento a los personajes. También la pasión. Excelente el momento del primer encuentro entre Johan y Marianne. La cámara se deleita en la contemplación de su beso y su abrazo mientras entran en cámara flairs de color rojo, provocados por el reflejo de la luz solar en la óptica de la cámara. Hermoso efecto, si lo comparamos con anteriores momentos en los que se consigue un contraste potente: los flairs son de color azulado. Cuando aparece la pasión, pues, se pasa al rojo.

 
_un beso
 

La película se clausura con un hecho insólito que escapa a la razón . Sin necesidad de desvelarlo- puesto que posee una fuerza tremenda en el film- convendría  recordar antes de rechazarlo categóricamente el primer y el último plano de la cinta. Un movimiento de cámara “cósmico” nos lleva  de la noche oscura estrellada hasta un amanecer en la tierra. Y el último plano nos devuelve a la galaxia, en el mismo movimiento de cámara, pero a la inversa. Un ciclo que se cierra, quedando entre medio la historia que se nos cuenta, una historia concreta, insignificante, de un planeta llamado Tierra, donde también pueden suceder milagros inexplicables, como prodigio irracional es, precisamente, el Universo en el que se enmarca.

 
_secuencia inicial de la película
 

Tal vez el mayor acierto de esta película sea la mezcla sabia de elementos heterogéneos o dispares. Reygadas bebe del melodrama clásico, las pasiones desbordan a sus protagonistas, pero estas se resuelven no desde el grito o el desfase emocional, sino desde el susurro, desde las frases tranquilas y sosegadas cargadas de dolor. Respecto al estilo, hay claras influencias de esa trascendencia, religiosidad y temas místicos del director danés Carl Theodor Dreyer. Y un uso del espacio casi westerniano: enormes paisajes de cielos azules con horizontes que se pierden en la inmensidad del infinito. Una Naturaleza cambiante, con un clima que va en consonancia con la trama. Cuando la tensión va a explotar, los cielos se cargan y amenazan tormenta; cuando Marianne sucumbe y llora, la Naturaleza llora con ella en un tremendo chaparrón.

 

La mezcla está perfectamente medida y calculada y se resuelve potente, creando una experiencia sugestiva, hipnótica… y demoledora. Hablamos del amor doliente.

 

 

_texto: Miguel Blasco.

 

 

 
   
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