
por Mariano del Valle
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Estáis a punto de iniciar una sucinta travesía por la obra de uno de los grupos clave para entender el término "punk". Los Clash de Joe Strummer siguen en nuestra memoria, y ahí permanecerán per saecula saeculorum. Sin más, dejemos que hable la música...
Su debut y sin duda alguna, tanto por temática como por sonido, su álbum más Punk, a pesar de que los matices de las canciones amenazan con sobrepasar los estrechos márgenes de la etiqueta. Germen primigenio de lo que luego pasó a llamarse street-punk u Oi!, alterna himnos de furioso contenido político como "White Riot" o "I´m so bored with the USA", con versiones reggae y perlas de pegada pop ("Remote Control" , "Hate & War"). En cuarenta minutos escasos los Clash demuestran su gran background musical y amplitud de miras, sin salirse de los dogmas del género y, por supuesto, haciendo historia. Puede que la producción excesivamente amateur lo lastre pero el poder de unas canciones que son todas singles potenciales está ahí: a pesar de su sonido sucio y los augurios de los ejecutivos de la CBS se coló en las listas de ventas americanas sin problemas. En dos versiones para escoger, US (1979) o UK (1977), la primera cuenta con la ventaja de contener su famosa versión de "I fought the law" de los geniales Bobby Fuller´s Four, muy adecuada a su posterior imagen de forajidos.
Give ' em Enough Rope (1978) Primer álbum con Topper Headon a la batería y segundo y último netamente Punk, no exento de polémica. La CBS buscaba conquistar el mercado americano mediante un sonido más limpio y para conseguirlo contrató a Sandy Pearlman como productor, conocido por sus trabajos con los nunca suficientemente reivindicados Blue Öyster Cult. Dato inocente que para la comunidad Punk del momento era sospechoso de colaboracionismo con el enemigo hard rockero. Producción aparte, el disco no arde con la urgencia de su debut pero quema, y aunque en la cara B pierde fuelle, aquí están clásicos como "English Civil War", "Stay Free", "Tommy Gun"... Respecto a las letras, estas cambian la denuncia "a pie de calle" de su debut por contenidos "más internacionales". Evolución lógica dada su recién adquirida condición de estrellas punk. Destaca en este sentido la directa "Safe European Home", escrita tras un viaje de Mick Jones y Joe Strummer a su idealizada Jamaica : "I went to the place where every white face / Is an invitation to robbery / And sitting here in my safe european home / Don't wanna go back there". En definitiva, un clásico punk.
Si un disco, además de hacer historia e influenciar a toda una generación, no contiene ni una sola canción mala o de relleno, entonces es legendario. "London Calling" lo es empezando por la portada, y además tiene la virtud de ser "radio-friendly" hasta en sus momentos más crudos. Un salto adelante (que ya se intuía en sus anteriores escarceos con el reggae) en el momento justo y sin perder de vista pasado presente y futuro: en los surcos del doble álbum se dan la mano ska, rockabilly (el olvidado Vince Taylor), jazz y hasta Pop ("Train In Vain" fue y es una de las canciones más aireadas en las emisoras AOR de los EEUU). Aún así el disco huye del pastiche y ante todo es puro Clash, y, por qué no, puro Punk. A la vez que se ensanchan los horizontes musicales, las letras pierden carga política y es en ese melting pot de estilos donde recae el grueso del contenido antiestablishment. Destacar alguna canción sobre otra es difícil pero si tuviera que quedarme con un grupo de ellas elegiría la épica "The Card Cheat", la juguetona "Jimmy Jazz", el reggae "The Guns of Brixton", la deliciosas "Rudie Can´t Fail" y el español macarrónico de "Spanish Bomb" ("Yo te cuero infinito oh ma corasón"). Una de las obras más influyentes del Rock, su último gran álbum y su cumbre artística.
Sandinista! (1980) Un documento, más que un álbum al uso, y el preferido de Joe Strummer, que jamás se cansó de defenderlo en cualquier entrevista. "Sandinista!" viene a ser algo así como un "London Calling" sin filtros (muchas de las canciones fueron escritas en el mismo estudio de grabación, sobre la marcha) y más pendiente del presente que de las raíces rock´n´roll. Para entender que pasaba por la cabeza de The Clash durante la grabación sirve una anécdota: en un descanso Topper Headon comenzó a juguetear con una marimba sin darse cuenta de que estaba siendo grabado. Eso se convirtió automáticamente en un nuevo corte del disco. La amalgama final que constituyen los treinta y seis temas hace que sus numerosas virtudes puedan perderse fácilmente de vista. Casi imposible de escuchar de principio a fin contiene de todo: dub, rap (la parte instrumental de "The magnificent Seven" se convirtió en unas de las bases favoritas de los mc´s neoyorkinos), funk, gospel y hasta un coro infantil que versionea "Career Opportunities". Obviamente muchos de los experimentos no llegan a buen puerto pero la mayoría merecieron el esfuerzo. Hoy quedan magníficos singles que juntos y sin paja forman un sucesor de "London Calling" casi a su altura. En la era del mp3 cuesta resistirse a la tentación de confeccionarse un "Sandinista!" propio con: "The Magnificent Seven", "Hitsville UK", "Somebody Got Murdered", "Lightning Strikes (Not Once But Twice)", "Police on My Back", "The Call Up", "The Sound of the Sinners", etc. Que San Strummer nos perdone.
Su mayor éxito comercial y un disco a reivindicar. Despreciado por los fans más punks no es el compendio de Arena Rock que parecen anunciar los famosísimos singles "Rock the Casbah" y "Should I stay or shouls I go" (maravillosos, por otra parte). Más comedidos, continúan con la experimentación de "Sandinista!", convencen a Allen Ginsberg para figurar en el corte "Ghetto Defendant" e incluyen la famosa, incómoda y nada radio-friendly "Straight to hell". Es verdad que adolece de la inconsistencia de su predecesor, pero es un álbum más que digno de una banda cuyos miembros hacía mucho tiempo que no se dirigían la palabra, y aquel por el que serán recordados entre el gran público. La portada es de leyenda y parece condensar presente y futuro: al lado de una vía desierta en las afueras de Bangkok están los cuatro Clash. Cada uno mira en una dirección distinta y sólo Joe Strummer a la cámara con media cara tapada.
Cut the Crap (1985) Esto no debería ir aquí porque no es un disco de The Clash. Y no lo dice el que suscribe sino los padres de la criatura, Joe Strummer, Paul Simonon, y unos cuantos mercenarios de estudio. "Cut The Crap", como sugiere el título, fue un intento de regresar a sus orígenes y recuperar a sus seguidores de base. Desafortunadamente las sesiones de grabación fueron un caos y el resultado deja bastante que desear: Punk de manual con una producción desastrosa llena de sintetizadores, baterías electrónicas y coros hooligan cortesía de su manager Bernie Rhodes. En palabras de Strummer: "La CBS había pagado un adelanto así que estaban obligados a sacarlo. Yo dije "¡Que les jodan!" y me largue a las montañas españolas para expiar mis penas debajo de una palmera, mientras Bernie tenía que entregar un disco". Se salva de la quema el single "This is England", "The last great clash song" y único corte del que no reniegan sus progenitores.
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