
Pasa siempre: un disco empieza a generar fama y más fama, toneladas de halagos, y provenientes de sectores en principio nada recomendables. A la fuerza ahorcan, y uno aprende con el tiempo a caminar en el sentido opuesto al que caminan las publicaciones llamadas "de tendencias" (todos sabéis a cuáles nos referimos, sobran nombres), y los "modernos" en general. "I'm a bird now", de Antony and the Johnsons, seguramente haya sido uno de los discos más traídos y llevados del último año; pero es inevitable: si los mismos que canonizan o beatifican a tonterías como The Hives o Franz Ferdinand insisten en que determinado disco es la amdre del cordero, ésa es la manera más efectiva de conseguir que algunos no lo escuchen jamás. Sin embargo, a veces la regla se rompe, tienes un día tonto, bajas las defensas y te haces con el disquito del dichoso Antony, aprietas el play , y lo primero que oyes es una voz de ángel susurrando/llorando que "hope there's someone who'll take care of me when I die" ("Ojalá haya alguien que cuide de mí cuando muera."). Empiezas a prestar atención. Uno, que es muy sufrido. La voz de ángel continúa, profunda y solemne; de repente el espíritu de Jeff Buckley sobrevuela, y el de Marvin Gaye , y aparece por ahí quizá Joni Mitchell, tal vez algo de gospel. Los vellos se erizan, los arquetipos y los prejuicios se esfuman, también se rinden ante la belleza. Llega el corte número cinco, "You're my sister" y se asoma Boy George para acompañar a Antony y su piano. Amigo, estamos entrando en terrenos más que pantanosos. Pero, de nuevo, la belleza se impone, y todos queremos ser "la hermana" de Antony , y pensamos que Boy George tiene una gran voz llena de soul, al fín y al cabo. Quizá durante muchos años el árbol no nos dejó ver el bosque. Luego, ¡sorpresa!, el huraño Lou Reed presta sus servicios a nuestro protagonista en "Fistfull of love" y le acompaña con su guitarra fangosa para redondear ese baladón por el que habría matado cualquier artista de la Motown.
En fín, parece que, por una vez, los malos tenían razón: es uno de los discos del año. Un trozo de plástico muy peligroso este CD; si los ánimos andan bajos puedes pasarlo mal, muy mal. Aunque, bien pensado, mejor pasarlo mal cobijado en la voz desarmante de este adalid de la ambigüedad. Bienvenidos sean Antony and the Johnsons , bienvenda sea la buena música.
Enrique Campos
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