
Para muchos la obra maestra del inclasificable realizador soviético. Tarkovsky en un biopic de su tocayo Rublev muy en su estilo, es decir , turbador para algunos, irritante para otros e irrelevante para la mayoría.
La vida de un pintor de iconos en la Rusia del siglo XV no es un argumento a priori que nos haga decantarnos por este film , más sabiendo que las películas de este director se encuadran en esas que hay que ver en días donde nuestro cerebro está ávido de análisis y reflexiones "maniático-cinéfilas" . Cine de tinieblas, esa clase de película que es capaz de irritar desde el principio y dejarnos enganchados a la pantalla hasta el final, aunque por nuestra mente se cruce varias veces la idea de abandono antes de tiempo, y al final hasta se pueda decir que no ha gustado nada, pese a que su final es de esos que no se olvidan en un suspiro . Sacrilegio para muchos , pero sí , si al peculiar estilo del director añadimos que el personaje se encuentra bajo voto de silencio nos podemos hacer una idea del devenir de los hechos ,una historia que como ya he mencionado se sobrelleva intentando averiguar bajo qué clase de estupefaciente se encontraría Tarkosvky en el momento de rodar cada plano, y lo mejor de todo es que seguramente estaría serenísimo.
Pese a sonar negativo estoy seguro de que algún día me apetecerá visionarla de nuevo y tal vez la edad me haga disfrutar de las pausas , de los silencios, del tratamiento del artista, de los planos, de las expresiones de los actores, de esos detalles que pasan desapercibidos para muchos pero que para otros hacen de estas tres horas un objeto de culto y a ciencia cierta maldecirán al abajo firmante.
Javier Bustos.
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