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He de confesar que los Aero de este disco siempre me sonaron (y no os echéis las manos a la cabeza todavía) a un cruce entre Os Mutantes y el Captain Beefheart. ¿Cómo es esto? ¿esa panda de rockeros zafios y melenudos comparados con dos iconos de la inteligencia musical? Pues sí, pero dejadme que me explique. No es que se parezcan entre sí ninguno de los tres, pero la música de los Aero tiene un algo tan gráfico como también lo tienen los otros dos. Es decir, al igual que la música de Don Van Vliet me hace pensar en los dibujos del Correcaminos y el Coyote y así como la banda brasileña a veces parece hacer música de dibujos animados, lo mismo ocurre con los Aero (en un contexto y con unas intenciones diferentes). De hecho, si hasta físicamente Joe Perry y Steven Tyler son ampliamente caricaturescos (los morros y labios de Tyler, la cara de Perry...) y sólo hay que mirar la portada, ¡recopón!. Son un grupo que habría encajado mucho mejor en Barrio Sésamo que los atontados de los Red Hot Chili Peppers.
En todo caso, cualidad gráfica la de su música a la que no es ajena el gran trabajo de Jack Douglas a la producción. Comienza el disco con la canción que da titulo al mismo, un clásico de sus conciertos a partir del momento. Precede "Uncle salty" que tiene un ritmo vacilón, ideal para que Tyler demuestre sus portentosas facultades vocales con esos chillidos del averno que proceden de su menudo cuerpo italoyanki. Más vacile, esta vez con un ritmo más boogie en "Adam´s apple" que incluye una sección de metales. Y aquí llega una de sus canciones más famosas, la misma que les relanzaría en los noventa al regrabarla con los Run DMC, "Walk this way". Por lo visto la canción está basada en el cachondeo padre que se trajo Tyler al ver "El jovencito Frankestein" y contemplar la peculiar manera de moverse de Igor, el mayordomo ayudante del doctor. En canciones como esta es donde más se puede apreciar aquello que os decía al principio, ese cartoon sonoro: el tremendo riff funky de la pieza, los ornamentos de la percusión, la voz de Tyler casi rapeando y diversos efectos de producción que te meten dentro de la pieza.
"Big ten inch record" es una versión de una pieza entre rockabilly y swing que posteriormente recibiría una lectura por parte de Barrence Whitfield. Cuenta con piano invitado y vuelven a aparecer los metales para una demostración de lo diversos que son estos muchachos. Tyler se luce también con la armónica. "Sweet emotion" es el otro gran éxito del álbum. Aquí invitan a un tipo para que toque la marimba en esa climática introducción de talk box, bajo y batería. Esa especie de "barridos" de la batería me encantan, así como ese final descontrolado al que se lanzan. "No more no more" comienza con acústicas y tiene una impronta a lo Stones (ese riff), un piano machacón y un desarrollo que demuestra que estos chavales además de saber tocar, también saben componer.
"Round and round" incide en esas sonoridades que habían mostrado en alguna pieza del anterior "Get your wings", una querencia por esos sonidos pesados a lo Black Sabbath. Esto podría calificarse como jevi. Eso sí, en sus puñeteras vidas panolis como Bruce Dickinson o Rob Halford mostrarían una décima parte del veneno que escupe Tyler con su voz. Esto no sabe a pantalones apretados, machismo homosexual (sí, parecen términos en contradicción pero encajan muy bien entre la parroquia metalera) y litronas, sino a heroína y sexo sucio.
Y para finalizar y contrastar con la dureza anterior, con esa guitarra de Perry que se lanzaba al espacio exterior, la delicada "You see me crying", una de esas baladas que les salen tan bien como "Dream on" o "Home tonight" y tan alejadas están del babosísimo jeviondo que imperaría en los ochenta . Esta incluso incluye una orquesta, y bueno, es delicada hasta que a Tyler le da por sacar esa voz demoníaca.
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